Bien está, pero me preocuparía que
sacerdotes y seglares nos sintiésemos satisfechos con estas alabanzas.
Porque la finalidad principal de la Iglesia no es socorrer a los
necesitados, sino propagar el amor a Cristo y llevar almas al Cielo. No
deberíamos olvidarlo jamás: el socorro a los necesitados es una forma de
anunciar el Amor de Dios. Y si los hombres nos ven como héroes y no
como santos, deberíamos pensar que algo estamos haciendo mal, o que
hemos olvidado para qué estamos en el mundo. ¿De qué serviría llenar
estómagos, si, al final, las almas se condenasen?
Me buscáis, no porque hayáis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
A quienes te hagan alabanzas de la labor social de la Iglesia,
recuérdales que esa tarea es nuestra forma de anunciar el Amor de Dios
por los hombres. Pero si ese mensaje no llega a las almas, por muchos
estómagos que hayamos alimentado, habremos fracasado estrepitosamente.
Reflexión del P. José-Fernando Rey